domingo, 28 de septiembre de 2014

Cambio climático y conciencia fracturada

Aunque en la teoría el mundo sigue tomando consciencia del eminente cambio climático del planeta y su potencial efecto devastador para la raza humana, en la práctica todavía se percibe un estado de negación de esa realidad: continúa en aumento la explotación y contaminación del medio ambiente, el uso de combustibles fósiles y, en general, la emisión de gases de efecto invernadero.

Esta semana se celebró la Cumbre del Clima de la ONU en Nueva York, marco en el cual se realizó el lanzamiento de un informe sobre la nueva economía del clima. El informe, que traza un plan de acción global, estuvo a cargo de la Comisión Global sobre la Economía y el Clima en la que participa Colombia.

Resulta paradójico, sin embargo, que los últimos gobiernos colombianos no han tomado en serio el tema. En nombre de la confianza inversionista o de la prosperidad las élites gobernantes han entregado las riquezas naturales de nuestro país a la explotación indiscriminada. Desconocen el incalculable valor futuro que tendrán esas mismas riquezas e ignoran el valor social que representan en el presente para Colombia.

Por eso no dudan en promover la utilización del fracturamiento o estimulación hidráulica (fracking en inglés) o las licencias ambientales ‘exprés’ para agilizar la explotación de los recursos minero-energéticos a pesar de todos los riesgos que suponen para el medio ambiente, como por ejemplo para el agua, el aire, la atmósfera, las zonas pobladas, los ecosistemas y  la salud.

Estos dirigentes defienden la visión extractivista que sostiene nuestro modelo económico y el de muchos otros países en Latinoamérica. Ven esas riquezas como una simple mercancía que tiene como fin exclusivo aportar al crecimiento económico, la máxima meta para ellos.

Por ejemplo, hace poco Guillermo Perry, ex ministro de Hacienda, afirmó que “las licencias ambientales y las consultas comunitarias están entrabando la modernización de nuestra infraestructura”. Con esa misma visión, Alberto Carrasquilla, otro ex ministro de Hacienda, sostuvo que “las curas propuestas son demasiado costosas y pueden llegar a ser peores que la enfermedad […] y le cargan el costo a los países mas pobres y a la población que en dichos países se beneficiaría mas del crecimiento económico”

¿Le importa a esta clase dirigente los efectos adversos de la degradación ambiental sobre el bienestar de la población, sobre todo de los pobres, los más vulnerables? ¿Son sacerdotes miopes que defienden a ultranza el dogma del crecimiento económico? ¿Son como Rex Tillerson, presidente de la petrolera Exxon, que sí se opuso al fracking pero sólo cuando se iba a realizar cerca a su casa? ¿Desconocen que podemos alcanzar puntos de inflexión en donde pequeños cambios en el equilibrio del planeta pueden generar consecuencias perversas para nuestra supervivencia y que por eso es mejor aplicar el principio de precaución?

Como dice Naomi Klein en su nuevo libro This changes everything: capitalism vs. the climate,  “el cambio climático no es un ‘asunto’ para agregar a la lista de cosas de las que nos debemos preocupar, como la salud y los impuestos. Es un llamado de atención a la civilización. Un poderoso mensaje – expresado en el lenguaje de incendios, inundaciones, sequías, y extinciones – que nos dice que necesitamos un modelo económico enteramente nuevo y una nueva forma de compartir este planeta”.


domingo, 14 de septiembre de 2014

Libertad e igualdad

Esta semana se realizó el V Foro Departamental de Derechos Humanos en el municipio de El Agrado, una provechosa iniciativa patrocinada por la cooperativa Utrahuilca que reúne a estudiantes de bachillerato de diferentes municipios del Huila –incluyendo a Neiva. Este espacio académico fomenta valores cívicos y democráticos en los jóvenes y les permite desarrollar sus habilidades analíticas y retóricas.

Este año en su versión quinta, el tema central del foro fue el derecho a la libertad y a la igualdad establecido en el artículo 13 de la Constitución Política de Colombia, según el cual “todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica”

Estudiantes huilenses muy talentosos presentaron varias ponencias sobre diferentes aspectos relacionados con dichos derechos. En cuanto al derecho a la libertad, los jóvenes coincidieron en pedir una sociedad más tolerante y respetuosa de las diferencias; una sociedad pluralista que valora la diversidad y respeta las opciones de vida de las personas.

Aprovecharon el reciente suicidio de Sergio Urrego, estudiante de 16 años que sufrió en su colegio matoneo por parte de sus profesores por ser homosexual, para enfatizar en la necesidad de no despreciar a ningún ser humano. El Papa Francisco ya se había referido hace algún tiempo a este tema al decir que “si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El catecismo de la Iglesia católica […] dice que no se deben marginar a estas personas por eso”.

En cuanto al derecho a la igualdad, los estudiantes criticaron varias de las condiciones que impiden en Colombia que este derecho sea real y efectivo, sobre todo las económicas. Por ejemplo, la elevada desigualdad en la distribución del ingreso y la cuestionada calidad de la educación pública representan serios obstáculos para que los colombianos vivan realmente ese derecho constitucional. Precisamente el nobel de economía Amartya Sen dice que que “las instituciones y las reglas son muy importantes por su influencia en lo que sucede y por ser parte esencial del mundo real, pero la realidad efectiva va mucho más allá de la imagen organizacional e incluye las vidas que la gente es capaz o no de vivir”.

Tanto la libertad como la igualdad, deben estar sumergidos en la fraternidad, el otro derecho que promovieron los revolucionarios franceses. Este derecho evoca hermandad y solidaridad, valores que los participantes del foro también resaltaron como necesarios en la coyuntura actual de un posible fin al conflicto armado en Colombia. La mayoría se mostró dispuesta a perdonar y a ser solidaria como requisito indispensable para lograr la reconciliación en nuestro país y, de esa forma, tender hacia un país con más libertad e igualdad.



El hijo de El Agrado

Ayer se cumplieron 190 años del natalicio de José María Rojas Garrido, el mejor orador que ha tenido Colombia según algunos historiadores como Jorge Mario Eastman.

Nació en El Agrado, Huila, el 6 de septiembre de  1824 y estudió Derecho en el colegio San Bartolomé de Bogotá en donde se distinguió por su destreza para la argumentación, su palabra florida y su consagración a los temas forenses. Después de graduarse en 1847, este hombre de ideas liberales inició una exitosa carrera profesional que lo llevó a ser gobernador de la provincia de Neiva, ministro plenipotenciario (diplomático), congresista y magistrado de la Corte Suprema. Bajo la figura de primer designado ocupó la presidencia durante dos meses en 1866 mientras el general Tomás Cipriano de Mosquera estaba en exilio, oportunidad que le permitió a este agraduno constituirse como el único colombiano que ha ocupado la presidencia de las tres ramas del poder público.

Junto con otros liberales, el hijo de El Agrado se propuso desmontar el Estado colonial sumamente centralizado y promover reformas encaminadas a garantizar la libertad humana. Para el historiador Reynel Salas, Rojas Garrido fue uno de los más destacados líderes del proceso de renovación política a nivel nacional que emprendió el liberalismo y uno de los hombres más influyentes durante buena parte de la segunda mitad del siglo XIX.

De acuerdo a la colección Oradores Liberales, Rojas Garrido tuvo el honor de proponer en el congreso de 1851 “la ley que declaró absolutamente libre la expresión del pensamiento por medio de la imprenta”, siendo el primero en presentarla de un modo práctico en el cuerpo legislativo. De igual manera, en 1857 como diputado por la provincia de Neiva en la cámara de representantes se distinguió por su elocuencia, principalmente en el debate sobre el proyecto de ley para la abolición de la pena de muerte.

Delimiro Moreno, nuestro historiador emérito, sostiene que Rojas Garrido fue la estrella indiscutible en la  Convención de Rionegro en 1863 “no solo  por su arrolladora oratoria, sino por su sólida formación  jurídica que hará  de él el artífice de  la legislación republicana en remplazo de la colonial española, vigente hasta su época”. En la nueva constitución concibieron “una República consagrada particularmente a la educación, para formar ciudadanos  que puedan disfrutar plena  y responsablemente  de las libertades  y garantías sociales”.

Lo describen de “estatura mediana, cuerpo inclinado a la obesidad, voz vibrante y agradable, expresión clara, concepción vigorosa y lógica irresistible cuando defendía buenas causas y las sostenía con sincera convicción”.  Debido a una odiosa costumbre de estas tierras, le pusieron como apodo “Guala”, en alusión a una especie de gallinazo – el mismo apodo que le colocaron décadas más tarde a Rodrigo Lara Bonilla, otro huilense ilustre.

Por todo lo anterior, Rojas Garrido es una figura representativa del Huila. Aunque sus coterráneos de El Agrado lo admiramos y le rendimos homenaje frecuentemente – por ejemplo, una escuela y un barrio llevan su nombre – hace falta rescatar y valorar su imagen en el resto de nuestro departamento. Su espíritu liberal podría también orientar muchas de las reformas culturales e institucionales que necesita nuestro país.