domingo, 4 de mayo de 2014

Cultura sorda

Primera escena: un auditorio de jóvenes hablando mientras un conferencista expone. Segunda escena: varias personas en una mesa escribiendo en sus celulares mientras otra comparte una anécdota. Tercera escena: estudiantes charlando y escribiendo en sus celulares mientras el profesor da ciertas indicaciones. Nombre de la película: la cultura sorda.

Durante esta semana presencié las anteriores escenas, que en realidad ya se están volviendo muy comunes en nuestra sociedad. Estamos entrando a lo que podría ser una época de decadencia en la escucha. Cada vez resulta más difícil, sobre todo para las nuevas generaciones, escuchar, poner atención, enfocarse en algo y, por tanto, aprender, seguir instrucciones, respetar al que habla, conocer al otro y ser capaz de comprender los sentimientos y sentir empatía por los demás.

Según Daniel Goleman en su último libro “Focus: Desarrollar la atención para alcanzar la excelencia”, la atención funciona como un músculo: úsela pobremente y se puede marchitar; trabájela bien y crece.

Goleman señala que el empobrecimiento de la atención nos ha llevado a un estado de “atención parcial continua” en el que hemos desarrollado hábitos de atención que nos hace menos efectivos en nuestros trabajos y en las relaciones con los demás. Herbert Simon, premio Nobel de economía, dijo que la información consume la atención de los receptores. Por eso una riqueza de información crea una pobreza de atención.

Para el prestigioso autor el poder de desenganchar nuestra atención de algo y moverla a otra es esencial para el bienestar y una vida inmersa en las distracciones digitales crea una sobrecarga cognitiva constante que desgasta nuestra capacidad de auto-control y nuestra fuerza de voluntad.

Nicholas Carr en su libro “Los superficiales” alertó sobre los síntomas de cómo internet y las nuevas tecnologías de la información capturan y dispersan nuestra atención y cómo eso trastorna nuestras relaciones sociales a la vez que dificulta guardar el conocimiento en la memoria de largo plazo que es donde se desarrolla el pensamiento crítico e innovador. En pocas palabras, sin atención no aprendemos o pensamos profundamente. El “pensamiento profundo” requiere mantener una mente enfocada.

Los niños están creciendo hoy más sintonizados con las máquinas y menos con las personas que nunca antes en la historia humana, lo cual resulta problemático porque, según Goleman, los circuitos sociales y emocionales del cerebro de un niño aprenden del contacto y conversación con otras personas.

Muy posiblemente estamos viviendo el inicio de una revolución cultural con consecuencias más profundas de las que hoy intuimos. La neurociencia y las ciencias sociales nos permiten ver desde ahora algunos efectos nocivos de las nuevas tecnologías.


¿Cómo están los padres de familia y los maestros intentando orientar a los niños en esta etapa de cambio?, ¿Cómo las instituciones públicas encargadas de velar por el bien común se están preparando para enfrentar los retos que esta transformación social implica? Países asiáticos como Taiwan y Corea, por ejemplo, están empezando a ver la adicción a internet – juegos, redes sociales, realidad virtual, etc –  que aísla a los jóvenes como una crisis de salud nacional. Algunos padres regulan el acceso a internet o a aplicaciones digitales a sus hijos para enseñarlos a utilizarlas con moderación. Antes de dar el próximo click ponga atención.

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