domingo, 16 de marzo de 2014

Propuestas post-elecciones

Pasaron las elecciones parlamentarias y, por desgracia, el resultado no sorprende. Ya se ha comentado bastante sobre la poca renovación del Congreso en términos de candidatos y castas políticas. Salvo unos cuantos legisladores nuevos, la gran mayoría de congresistas seguirán representando lo mismo. Adicionalmente, con la victoria del Centro Democrático llega la extrema derecha del país con su delirante fanatismo a tratar de torpedear el proceso de paz.

A lo anterior se suma la débil legitimidad otorgada por los electores al congreso entrante ya que fue elegido por tan sólo el 21% de la población apta para votar; la abstención (57%), los votos nulos (10.5%), los votos nulos (5.7%) y el voto en blanco (5.5%) representaron el 79% restante.

A partir de estos resultados desalentadores, surgen algunas propuestas para, por lo menos, tratar de contener el deterioro de la democracia representativa en Colombia. La primera es la necesidad de generalizar el sistema de listas cerradas y acabar con el voto preferente. Esto, junto con otras reformas, podría fortalecer los partidos al obligarlos a actuar con disciplina y coherencia programática; no como ocurre actualmente con las listas abiertas en donde se manejan campañas personalizadas por parte de cada candidato.

Segundo, urge una reforma profunda al Consejo Nacional Electoral (CNE), autoridad electoral altamente politizada cuyos miembros son elegidos de acuerdo al peso que sus partidos políticos tienen en el Congreso. Según Mauricio García y Javier Revelo en el libro “Estado Alterado: clientelismo, mafias y debilidad institucional en Colombia”, la reforma política del 2003 fortaleció la influencia del Legislativo en el CNE al establecer que los magistrados serían elegidos por el Congreso de la postulación que hacen los partidos políticos, reduciendo las posibilidades que esa institución tenía para garantizar la transparencia y la equidad de los procesos electorales.  Los autores afirman que para garantizar la legalidad del proceso electoral es necesario que el CNE sea independiente de los partidos, del Congreso y del gobierno.

La inoperancia del CNE la podemos ver reflejada en la falta de control en la financiación de las campañas – que, en su gran mayoría, desbordan los límites establecidos por la ley – y la posterior falta de sanciones. Al respecto, y como tercera propuesta, también es necesario reformar el régimen que regula la financiación de las campañas. Si bien las ventajas de la financiación pública del total de las campañas no son claras, de acuerdo al análisis de García y Revelo se debería fortalecer el financiamiento público indirecto y los controles institucionales. Por ejemplo, se podría garantizar el transporte público gratuito el día de las elecciones y prohibir los aportes de contratistas o beneficiarios directos del Estado y de organizaciones sin ánimo de lucro.

En este mismo sentido y en relación con la primera propuesta, los analistas mencionados proponen que los partidos sean los únicos responsables por el manejo de los dineros y evitando la intervención de los candidatos, los cuales deberían contar con una cuenta única para hacerlo.


Finalmente, el elevado número de votos no marcados y votos nulos vuelve a evidenciar la necesidad de implementar el voto electrónico. De igual forma la abstención de muchos colombianos también ha llevado a que muchos propongan nuevamente el voto obligatorio como solución incluso al problema del clientelismo. Sin embargo, en ese caso ¿podemos esperar que esos colombianos votarán por candidatos íntegros que los representen dignamente?

sábado, 8 de marzo de 2014

Victoria del voto en blanco

Hoy se presentan a las elecciones varios candidatos honestos, competentes y que les duele Colombia. Desafortunadamente estos son muy pocos y, como ya es costumbre, no podrán hacer mucho contra la gran mayoría que llegará con el apoyo de sus empresas electorales y de las mafias. Sus costosas campañas políticas nos permiten prever ya a qué llegaran.

De buena fe pondremos la esperanza en esos políticos rectos y lo más probable es que la situación actual siga igual, a pesar de las buenas intenciones. Las mayorías tradicionales impondrán su voluntad y aquellos congresistas poco podrán hacer para impedirlo. ¿Que en algo los podrán controlar? ¿Por qué conformarnos con eso? Acaso, ¿no merecemos mayorías que nos representen dignamente?

Yo no quiero que las cosas sigan igual. Nos están violando y no podemos quedarnos quietos. Con estas reglas de juego estamos perdiendo el partido y no hay esperanzas de ganarlo. No lo juguemos en esos términos y promovamos una ruptura o por lo menos un sacudón. Ya lo decía Alexis de Tocqueville: “Una nación que no pide más que el orden ya es esclava en el fondo de su corazón”.

El voto en blanco se presenta como una alternativa real que puede darle sustancia al descontento general de los colombianos con su sistema político. La victoria del voto blanco hoy dará una nueva esperanza. Nos permitirá a los ciudadanos recordar que somos nosotros los que tenemos el poder y que Colombia se merece y necesita mejores líderes. Nos despertará del letargo y nos hará ver que es posible salir de esta situación exasperante.

Los partidos políticos tendrán que empezar a tomar al pueblo colombiano en serio y presentar candidatos decentes; a ser conscientes de que la clase media emergente exige respeto y una representación transparente y honesta. Muchas más personas dignas de pertenecer al Congreso se sentirán motivadas a postularse para las nuevas elecciones y la mayoría victoriosa de electores a apoyarlos.

El voto en blanco no es la solución a todos nuestros problemas. Sería ingenuo pensar así. La solución requiere tiempo y de la movilización social, la mejora en la educación, la disminución de la desigualdad social y  el perfeccionamiento de la cultura política de los colombianos.

Sin embargo, la victoria del voto en blanco hoy representará el primer paso de una revolución ciudadana. Cada ciudadano se convencerá de que es posible exigir la dignificación de la actividad política para orientar al país por el progreso. En realidad, no podemos prever su efecto final. Pero de lo que sí podemos estar seguros, es que si la victoria del voto en blanco no se materializa hoy, todo seguirá igual en el mediano plazo. 

¿Sapos en la olla?

Hay una anécdota según la cual cuando se echa un sapo en agua hirviendo este salta súbitamente; mientras que si se coloca en agua fría y se le calienta lentamente, el sapo termina cocinándose sin ni siquiera enterarse.

Algunos utilizan la anécdota para explicar cómo los humanos muchas veces tendemos a acostumbrarnos a las situaciones adversas y a su progresiva degradación sin la capacidad de reaccionar.

Eso es lo que nos ha pasado a los colombianos con la corrupción en la política. Ya nos hemos acostumbrado a que es algo normal, algo inevitable e inherente a esa actividad. Es la aceptación implícita de que hoy la honestidad es imposible.

Todos conocemos los problemas de pobreza, desigualdad, injusticia y corrupción que impiden el desarrollo social y económico del país. Aunque nos quejamos e indignamos esporádicamente, en el fondo nos hemos vuelto conformistas y aceptamos resignadamente esa situación. El nivel de temperatura que va descomponiendo el tejido social y la moral pública está lentamente aumentando pero no lo percibimos en realidad.

Para cambiar esa situación de letargo, esa parálisis mental, se necesita una ruptura, un cimbronazo que nos despierte de la entumecimiento  y nos haga saltar antes de que nos chamusquemos.

Por ello, ahora estoy convencido de que el voto en blanco puede ser ese golpe que nos ayude a darnos cuenta de la creciente putrefacción de nuestras instituciones y del quehacer político. La victoria del voto en blanco en las próximas elecciones parlamentarias puede hacernos conscientes de que los cambios que el país requiere sí son posibles.

El pasado jueves el editorial de El Espectador, reconociendo la fuerza que ha tomado en las encuestas, afirma que “mucho más poderoso que la abstención, el voto en blanco podría cambiar el curso de las cosas. Podría darle una cara a la indignación social”.

La victoria de esta expresión de inconformidad de la ciudadanía podría ser el detonante de los cambios institucionales y de mentalidad que el país requiere. Ante la inminencia del fin del conflicto armado, sobre todo ahora necesitamos de un Congreso renovado que encarrile al país de una vez por todas en la senda del progreso como lo hicieron, por ejemplo, Chile, Costa Rica y ahora Ecuador.

Es hora de que dejemos de ser el sapo en el agua hirviendo o los Aurelianos que perecen atados a un árbol o comidos por las hormigas. Demostremos que las estirpes condenadas a cien años de soledad sí tienen segunda oportunidad sobre la tierra. Sí podemos.

domingo, 16 de febrero de 2014

Congresistas: ¿Jalonadores?

En la actual campaña electoral algunos congresistas que buscan ser reelegidos presentan como su gran logro el haber “jalonado” o “gestionado” determinados recursos para la región. Sólo algunos hablan de proyectos de ley que tramitaron a última hora para tratar de salvar su cuestionada imagen.

Según la Constitución, aquella labor de gestionar o administrar le corresponde a la rama ejecutiva y no a la legislativa. Esta última se encarga primordialmente de la elaboración de las leyes y del control político a la rama ejecutiva. Bajo esa lógica es que los congresistas deben representar a sus electores. Esa división se ideó con el fin de garantizar el equilibrio de poderes en un gobierno republicano.

En Colombia, uno de los regímenes más presidencialistas de Latinoamérica, ha venido ocurriendo una paulatina degeneración de esa arquitectura institucional hasta el punto que el Congreso cada vez más se parece a un apéndice del ejecutivo. Esta distorsión ha profundizado la centralización, el clientelismo y la corrupción; también la ineficiencia administrativa porque los mandatarios locales requieren pasar más tiempo en Bogotá buscando amigos y “gestores” en vez de utilizar los canales institucionales.

Este proceso se ha acentuado durante el gobierno del presidente Santos, quien no contaba con un capital político propio y quien para asegurar la llamada gobernabilidad creó la Unidad Nacional, una coalición de partidos que básicamente a cambio de burocracia y presupuesto da trámite a los proyectos legislativos del presidente. Fue así que, por ejemplo, apoyaron la centralizadora reforma a las regalías.

Muchos afirman que con las nuevas tecnologías de la información se puede reemplazar la democracia representativa por la democracia directa en donde los ciudadanos votan las leyes sin necesidad de intermediarios. Cass Sustein en su libro “Republic.com 2.0” sostiene, por el contrario, que la democracia representativa seguirá siendo necesaria debido a que la deliberación promueve la elaboración de mejores leyes.

En Colombia, sin embargo, pareciera que el nivel del debate en el Congreso ha decaído sustancialmente. Reformas trascendentales para el país – como las de la educación, la salud, las pensiones, la tributaria, la agraria y la justicia –  no reciben la deliberación de altura que requieren. Varias incluso son aprobadas a la carrera y a pupitrazo, ya que muchos congresistas no representan el interés general sino intereses económicos muy particulares que simplemente les dictan de antemano cuál debe ser su posición.


Necesitamos que personas conscientes de estos problemas renueven la forma de hacer política y lleguen al Congreso a reversar el deterioro institucional, llevar a cabo la descentralización prometida por la Constitución y representar realmente los intereses de sus regiones y el país. Por eso no votemos por personas que con sus prácticas políticas  mantienen y alimentan ese deterioro.

Neiva sin zonas verdes

“Está haciendo bochorno” es una expresión común en Neiva utilizada para quejarse del calor que, según algunas personas mayores, está aumentando en la ciudad. Dadas las altas temperaturas resulta importante diseñar políticas públicas para aliviar su efecto en el bienestar de los habitantes y los turistas.

Para estos últimos resulta extraño, por ejemplo, que la ciudad no cuenta con zonas verdes adecuadas para el esparcimiento y diversión de los neivanos. La tendencia urbanística en las grandes ciudades modernas es privilegiar aquellas áreas, con árboles y alrededor de ríos o lagos. Estas amplias zonas o parques ofrecen una alternativa  sana, barata, relajante, incluyente e integradora para la sociedad en general y las familias en particular.

Acá, por el contrario, pareciera que se privilegia el cemento. Un ejemplo de ello fue la lamentable tala de los árboles que se ubicaban hasta recientemente en la anterior Concha Acústica y, antes, el arboricidio de los samanes frente al estadio Urdaneta Arbeláez, en pleno centro de la ciudad. De igual forma, a pesar de la fortuna de tener el rio Magdalena y otras fuentes hídricas, su potencial no se ha aprovechado hasta ahora. ¿A qué se debe esta miopía? ¿Falta de visión? ¿Será que las “obras de concreto” son  más rentables para algunos miembros de nuestra clase política?

Algunas de aquellas fuentes y humedales están siendo afectados por la creciente urbanización descontrolada a los alrededores de la ciudad. De ahí que se requiere de manera urgente la elaboración del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, el cual debe estar soportado, entre otros, por un diagnóstico ambiental y ecosocial serio que garantice la sostenibilidad de la ciudad y la blinde contra los intereses económicos descoordinados que actualmente orientan su fragmentada expansión.

Ese Plan debe tratar de dotar de grandes parques y zonas verdes a la ciudad. Para ello se debe evaluar, por ejemplo, la posibilidad de destinar para aquel fin los terrenos actuales que ocupa la Novena Brigada y de esa manera dar protección debida a las requeridas instalaciones militares en un área más adecuada. Asimismo, es prioritario reconsiderar la intención de ampliar el actual aeropuerto y más bien reubicarlo para aprovechar el terreno actual como zona verde. Esto estaría más acorde con las tendencias urbanísticas y con la expectativa de que el Huila se convierta en el largo plazo en un nodo logístico multi-modal en el sur de Colombia, con lo que requeriría un aeropuerto aún más grande.

Los parques que existen en algunos barrios tampoco se pueden olvidar sino que se deben acondicionar para el pasatiempo familiar. De igual manera, se debe desarrollar un plan de arborización ambicioso que tenga en cuenta factores técnicos para promover la bioregulación climática de la capital. En ese sentido, las palmeras en las calles y ciclorutas no son una opción apropiada para refrescar la ciudad.


En fin, se debe reversar la tendencia a pavimentar todo y a deteriorar los recursos que ofrecen servicios ambientales a los neivanos. Las zonas verdes y la naturaleza en general son un activo que  la ciudad debe valorar y acrecentar.